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En cuestión de segundos, un nuevo golpe y un tanto más potente sacudió la blanca madera. Ana ahogó un grito y comenzó a impacientarse. Tomó el brazo de Olivia y jaló de él queriendo llamar su atención. Ella se humedeció los labios con la mirada fija en la puerta que estaba a punto de ser destruida y asintió. No había forma de salir de allí si detrás de la puerta estaban ellos, no es que pudiese salir por el balcón en un décimo piso.
- De acuerdo, tendré que ponerme en acción… -Comentó aún bastante tranquila o al menos luciendo así.
- ¿Qué? -Ana retrocedió mirándola confundida y sintiendo unas ganas horribles de insultarla- ¿De qué demonios estás hablando, Olivia Hathaway?
La muchacha sonrió con cierto orgullo y se giró hacia su amiga.
- Tendré que exterminar a los malditos yo misma y… por cierto, me llamo Olivia Hetfield –Le comunicó queriendo ser sutil pero solo logró que su rostro adoptara una especie de semblante penoso.
No esperó ningún tipo de respuesta, se alejó de Ana y con la puerta aún resistiendo, caminó hacia una mesa pequeña que siempre había estado en su living y abrió el único cajón con el que contaba. De él, sacó un pequeño colgante que constaba de una cadenilla de plata y un dije que Ana notó que estaba grabado, aunque no pudo leer qué decía. Lo colgó de su cuello y miró su pecho al mismo tiempo que susurró algo para sí y tras acariciar repetidamente el objeto, miró nuevamente a su amiga y suspiró profundamente.
- Escóndete.
- ¿Y dejarte aquí, sola? Lo dudo. Puedes que me hayas mentido incluso en cómo te llamas pero no puedo odiarte, no tienes por qué sacrificarte por mí.
Olivia sonrió apenas.
- Estaré bien, sólo… -Un nuevo golpe hizo que la puerta comenzara a ceder y ambas notaron eso. Ana tuvo que voltearse para verlo- Sólo hazlo.
- No, no haré eso. No voy a esconderme. Pude huir una primera vez, pero no dos veces.
La rubia parecía tan convencida en lo que decía como cuando aseguraba de que por ser rubia, todos asumían que era estúpida. Olivia la conocía y sabía que estaba lejos de serlo, como también sabía que era obstinada. Analizó la situación en cuestión de milésimas de segundos y comprendió que no habría forma de convencer a su amiga para que hiciera lo que no quería hacer. Por lo tanto, se mordió el labio inferior y asintió. Iba a tener que ver todo el show.
- Entonces al menos ponte detrás de mí –Olivia arqueó una ceja al decir eso resignada.
Su amiga alzó el rostro con aire triunfante y caminó hacia ella para posicionarse por detrás. Ahora ambas estaban al fondo de la sala, bastante lejos de la puerta y de frente a ella.